La felicidad debe encontrarse también en un único motivo

El día en que dejé de contestar “todo bien” empecé a darme cuenta de que yo no. Me sentía como una rosa en manos de aquellos que no tenían ninguna intención de tenerme. Y no es que los demás no puedan quererte cuando no te quieres a ti mismo, es que no lo sentirás porque siempre parecerá que no te lo mereces. He descubierto que el pasado deja de pesar cuando dejas de habitarlo, aunque no es que yo siempre volviese sino que creo que nunca me fui del todo. Por muchas páginas que pasase, quemase el libro o le cambiase el final a la historia, siempre volvía a mí la mejor parte porque me la sabía de memoria. Existe una brutal diferencia entre las promesas y los recuerdos: las primeras las solemos romper, pero los recuerdos nos rompen a nosotros. No sé cómo llegué al punto de necesitar parar el tiempo cuando suelo correr detrás de él. Pero cuando lo hice, joder, que puta pasada chicos. Escuchaba esa voz por todas partes, estaba pasando, estaba pasando ahora y el ahora se convirtió en siempre. Me volví a escuchar a mí y fue la ostia el resurgir. Como cuando estas en el mar y necesitas salir a coger aire pero la superficie está muy lejos. Ese momento en el que llegas y dices joder, por los pelos. Por los pelos casi me ahogo, me abandono y me olvido de mí. Pero es algo que no iba a consentir. Pasé de ser una estación abandonada a la T4 de Barajas. Llegaron otros ojos, otras voces, otros besos, otra gente que vio museos en mí donde solo había pasillos vacíos. Y aprendí que era arte mucho antes de que nadie viniese a admirarme y seguiré siéndolo incluso cuando se hayan ido. Una obra de arte sigue siendo una obra de arte cuando las luces están apagadas y la sala está vacía, y yo no iba a ser menos. Yo, primero yo y después yo también. Pero después de mí te encontré a ti y fuiste tú, y después tú también. Te escribo porque no tengo otra forma de abrazarte y quiero que sepas que esta vez no hay chaleco salvavidas ni bombona de oxígeno que pueda salvarme. Estoy en un momento de mi vida, que quién lo diría. Soy feliz. Soy jodidamente feliz. Y no es por alguien. Bueno. Es por mí. Es por mí y después por ti. Por ti porque cuando te miro a los ojos me veo a mí dentro y joder, que vértigo. Pero estoy dispuesta a saltar cualquier abismo si abajo sigues estando tú.

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Atento, esto es para ti

El que ha tenido una semana difícil,

el que tiene que trabajar el fin de semana,

el que parece estar bajo constantes nubes de tormenta,

el que ha discutido con sus padres, con sus amigos o con su pareja,

el que se siente invisible,

el que ha salido mal de un examen,

el que ya no tiene esperanza,

el que no sabe cuánto más tiempo va a aguantar.

Para ti.

Eres increíble

y haces que el mundo sea un poco más maravilloso.

Tienes tiempo y una sonrisa preciosa

así que por favor, aguanta ahí.

Tu puedes hacerlo.

Y qué bien, joder

Hoy, después de mucho tiempo, me voy a dormir feliz. Por toda la gente que me enseña a quererme, a quererme bien. Y por todos los que están, juro que no se lo he pedido en la vida y ellos tampoco me han dado otra opción. Y joder, que mal tener que tocar fondo para darte cuenta de que hay personas que te acompañan y otras que son camino. Y qué bonito el paisaje con vosotros, coño. Que todas las ciudades tienen algo bonito, pero no todas son para quedarse a vivir y no os podéis hacer una idea de lo bonitas que son las personas que viven en mí. Hay personas a las que uno tiene ganas de asomarse, como una ventana llena de sol. Incluso cuando hace mal tiempo. Hay gente que siempre está enamorado del cielo, sin importar cuál sea el clima y qué bien encontrar a alguien que te ame de la misma manera.

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Supongo

Eso de que
en el amor
y en la guerra
todo vale
no es exactamente cierto.
En realidad,
en la guerra
ha de valer
todo
lo que contribuya
a terminar la guerra,
y en el amor
ha de valer
todo
lo que contribuya
a mantener el amor.

Supongo.

FUGAZ

Hoy he aprendido que te van a tratar mal. Y no pasa nada porque hay personas a las que hay que darles tiempo para que este les ponga en su lugar. Para que te valoren, para que te pierdan y se jodan.

Me he dado cuenta de que de una manera u otra conservo todo lo que he perdido porque todos tenemos a alguien que no tenemos. Pero hoy te prometo que voy a creer, a querer, a romper con todo lo que está roto.

He aprendido que muchas veces no sirve de nada hacer algo que nunca has hecho porque no vas a tener lo que nunca has tenido. Si, cariño, hay que aprender a autogestionarse y darle lo mejor de ti a quien sepa sacarlo. Hay que taparse el corazón y dejar que te quieran antes de tocarlo.

He aprendido, también, que lo que vale la pena es aquello que hace que te brillen los ojos, que te tiemblen las piernas y no te salga la voz. Así que voy a hacer lo que me apetezca, con quien me apetezca y como me apetezca. Porque si algo tengo claro es que el amor mueve el mundo hacia el mejor lado y si vamos en distinta dirección será por algo.

Hoy he decidido que voy a quererme todos los días sin perder ninguno por el camino. Ni siquiera cuando no puedo más y tengo que parar a coger aire. Voy a quererme con todas mis ganas, porque las tuyas me sobran.

Hoy si, por mí. Porque soy la única que sabe perdonarme.

Se hace muy pronto demasiado tarde y es hora de irse. De dejar de mirar las estrellas porque lo fugaz es todo esto.

Y llegas tarde a pedir el deseo.

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SOLO NOSOTROS PODEMOS SALVARNOS DE NOSOTROS MISMOS.

El mundo necesita más.
Más sonreir a la gente por la calle.
Más ayudar a un anciano en un paso de cebra.
Más devolverle el móvil a la persona a la que se le haya caído.
Más decir por favor
y perdón.
Más decir gracias.
Más valorar el tiempo que tenemos.
Más dejar los móviles y ver el mundo real.
Más ayudar al que está a tu lado.
Más hacer las cosas sin buscar nada a cambio.
Muchos más abrazos
y muchos menos enfados.
Muchos más besos reales
y no virtuales.
Más te quiero’s.
Mucha menos envidia.
Y mucho, mucho, mucho,
más amor.
El mundo necesita ayuda y solo nosotros podemos dársela.
Abre los ojos.

SUMMER VIBES

Tiempo

de pararlo.

De ganas de vivir y disfrutar de lo vivido.

De valor para tirar los límites en los que creíamos porque nos limitaban demasiado.

De liberarnos, sentir que hay algo fuera diferente.

De sol y de quemarnos.

De bañarme en tus ojos y que se joda el mar.

De risas verdaderas y de penas vacías con quien nos hace sentir bien.

De conversaciones hasta las 3 de la madrugada que ayudan más que cualquier canción de rap.

De gritar y saltar hasta las 8 de la mañana. Un martes. Así, porque sí.

De comer comida basura y beber alcohol del malo.

De amores de verano. O ¡qué coño!, de todo el año.

De apagar el móvil y mirarnos a los ojos.

De mí.

De ahora sí.

 

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Volver a volver.

Volver a dejar de ser una bala perdida,

volver a no ser un suicida.

Volver a llenarme porque contigo estaba lleno hasta el puto vacío. Y te fuiste.

Volver a ser eternos pero olvidados. Como cantantes del metro.

Volver a dejar de contestar que está todo bien. Porque yo no.

Volver a quererme.

Volver a querer.

Volver a recogerle el pelo a la vida y decirle que esta preciosa. Para que se deje follar y pare de joderme.

Volver a dejarle los pétalos a las margaritas,

volver a no convertir un campo de flores en uno de minas.

Volver a perderme para encontrarme.

Volver a encontrar en otros ojos las vistas al mar que buscaba. Y saltar.

Volver a crearme,

volver a creerme.

Volver a verte caminar por las aceras,

parece que posas para mi,

para mis ojeras.

Volver a volver.

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Querido estudiante de segundo de bachillerato, respira.

Querido estudiante de segundo de bachillerato, respira. Ya te has graduado  y selectividad está a la vuelta de la esquina. ¿Ves? Segundo de bachiller no se come a nadie aunque en septiembre pensases que sí. No te juzgo, soy la primera que empezó ese curso temblando y con miedo por la presión de no saber si iba a poder estudiar lo que tantos años llevaba soñando. Como has podido comprobar, tempus fugit, que diría mi profesora de latín. Hace un año yo estaba como tú, con un nudo enorme en el estómago sin poder comer ni dormir todo lo que me gustaría. Cada vez que pasaba por los pasillos de mi colegio, de lo que había sido mi familia durante tanto tiempo, los veía más lejanos, más distantes, más extraños. Nunca he sido de despedidas y eso era una en toda regla.

Recuerdo como lloré la noche antes de selectividad. Estaba abrazada a mi madre diciéndole que no iba a poder ser lo que yo quería, que no lo conseguiría. Estaba cagada, literalmente y con todas las letras de la palabra. Desayuné una tila y pastillas de hierbas para los nervios y aun así tuve que pasar por el baño unas tres veces antes de entrar en la universidad. Escúchame atento porque esto no te lo vas a creer: fueron los tres mejores días de bachillerato. Si, te hablo de selectividad. Hacer el primer examen y ver que los que has hecho durante el curso eran más complicados te da fuerzas para el siguiente. Se me fueron los nervios en cuanto abrí el examen y disfruté. Disfruté escribiendo cada respuesta y disfruté cada caña que me tomé cuando salía por la puerta. Disfruté de mis amigos, de los que ya tenía y de los que hice nuevos. Disfruté de estar a un paso más cerca de cumplir mi sueño.

No te estoy engañando, pero no dejes que nadie lo haga. Selectividad no es para tanto. La presión durante bachillerato es para tanto y está de más. Solo tienes que confiar en ti, saber qué es lo que quieres y al toro. En peores plazas has toreado este curso te lo aseguro.

Todo pasa muy rápido, hace un año yo estaba en tu lugar y ahora estoy escribiendo esto mientras estudio para los exámenes de la universidad, porque sé que a mí me hubiese gustado mucho leer algo así cuando estaba histérica todo el día. Mi consejo es que disfrutes al máximo cada segundo que te regale la vida. Somos instantes y es muy bonito recordar que has disfrutado de todos ellos. Sé que solo quieres que sea 10 de junio para irte a Salou, Mallorca o Gandía. Sé que solo quieres irte en septiembre lo más lejos de tus padres y poder “independizarte”. Te entiendo, es lo que yo quería y es lo que he hecho. Tú también estás harto de algunos profesores pero luego valorarás que se preocuparon por ti tanto como para echar de menos esa dedicación. En la universidad vas a ser un número, y les va a dar igual lo que te pase. No vas a escuchar música en los recreos, de hecho, ni los hay. No vas a ir por la facultad saludando a todo el mundo, no vas a tener a tus amigos de toda la vida en clase, ni si quiera vas a ir todos los días. Vas a echar de menos mucho todo lo que tienes ahora. Te lo digo por algo, porque es lo que a mí me pasa. Echo de menos a muchas personas y muchas situaciones de mi vida que se quedaron ahí, en bachillerato, en la E.S.O., que se quedaron en el pueblo. Ahora cada uno de mis amigos está estudiando en un sitio y durante el curso quizás hayamos coincidido todos una vez. Por eso te digo que disfrutes todo lo que puedas, que no te quejes de que bachillerato es una mierda. Que sí, que es una mierda bien grande pero es tu mierda y eres feliz ahí. No te estoy diciendo para nada que no vayas a ser feliz en la universidad, al contrario, yo soy muy feliz aquí. Estudio lo que quiero, quiero a gente que he conocido hace apenas unos meses y me han parecido años. He salido de fiesta, he conocido Madrid. HE VIVIDO. Y por eso no me arrepiento de nada, todo tiene sus pros y sus contras, pero no te arrepentirás de nada si disfrutas de cada momento de tu vida. Así que respira otra vez más, ponte tu mejor sonrisa, mírate al espejo y grítate que puedes con todo porque no hay mayor obstáculo que pueda frenarte que tu propio miedo a fracasar.

recortes tres

Un golpe de suerte

Siempre me decían que cuando dejase de buscar encontraría. Pero no me dijeron que tendría que perderme. Decidí salir a encontrarme, de todas formas ya estaba perdida.  Las calles de Madrid no paraban de mirarme, creo que hablaban de mí. Entonces empecé a odiar mi libertad. No creía en nada pero me di de bruces con la suerte y te vi. Todos los balcones hablaban de ti y de mí. Cada ventana abierta gritaba que dos almas la cruzaran. Y empecé a creer que hay nudillos que parecen golpes de suerte. Y tú fuiste uno bien fuerte.

Estabas en esa esquina. Te juro que no podía parar de mirarte. Y cuando te reíste por primera vez supe al instante que sabría diferenciar toda mi vida entre mis viejas canciones y mi banda sonora. Tu risa se parece mucho a esta segunda. Desde ese momento pienso que el cierzo es caricia y no una hostia tras la esquina.

Esta es la primera vez que escucho en alto lo que siento y no sé qué me pasa. Me pasa que me asustas. Me pasas. Y me pasas ahora. Ya no sé si soy la valiente que lleva toda la vida haciéndote reír o la loba asustada que no sabe admitir que quiere que te quedes. Ella sola no puede guiar a la manada que tiene en el pecho. Y por ahora está aullando el lado izquierdo. Tengo que conspirar contra mis propios razonamientos y gritar por casa para no seguir escuchándote aquí dentro.

MALASAÑA