Un golpe de suerte

Siempre me decían que cuando dejase de buscar encontraría. Pero no me dijeron que tendría que perderme. Decidí salir a encontrarme, de todas formas ya estaba perdida.  Las calles de Madrid no paraban de mirarme, creo que hablaban de mí. Entonces empecé a odiar mi libertad. No creía en nada pero me di de bruces con la suerte y te vi. Todos los balcones hablaban de ti y de mí. Cada ventana abierta gritaba que dos almas la cruzaran. Y empecé a creer que hay nudillos que parecen golpes de suerte. Y tú fuiste uno bien fuerte.

Estabas en esa esquina. Te juro que no podía parar de mirarte. Y cuando te reíste por primera vez supe al instante que sabría diferenciar toda mi vida entre mis viejas canciones y mi banda sonora. Tu risa se parece mucho a esta segunda. Desde ese momento pienso que el cierzo es caricia y no una hostia tras la esquina.

Esta es la primera vez que escucho en alto lo que siento y no sé qué me pasa. Me pasa que me asustas. Me pasas. Y me pasas ahora. Ya no sé si soy la valiente que lleva toda la vida haciéndote reír o la loba asustada que no sabe admitir que quiere que te quedes. Ella sola no puede guiar a la manada que tiene en el pecho. Y por ahora está aullando el lado izquierdo. Tengo que conspirar contra mis propios razonamientos y gritar por casa para no seguir escuchándote aquí dentro.

MALASAÑA

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