El amor mueve montañas

No conocía la depresión y me di con ella de bruces ante la persona de la que me había enamorado. Creo que es de lo más complicado que puede salir adelante. Perdí muchas veces la esperanza, él la buscó sin descanso y me la regaló mil veces. Yo en pijama, con mi cara sin lavar, los ojos tristes llenos de legañas, el pelo despeinado y la boca seca y entreabierta para seguir respirando, lo eché de mi vida y lo aparte de mí.

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Le hice ver todo lo malo de mi misma y no le di esperanza alguna, pero a él no le importó. Ni siquiera se apartó unas horas, quería luchar y ganar sin saber que medios requiere esta batalla, sin conocer a su enemigo. Me cuidó como nunca antes me había cuidado nadie, me trató con delicadeza y se enfrentó a todo de cara, sin miedo, con una valentía que ni el mismo reconocía. El amor mueve montañas, y también las salva.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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