Septiembre, siempre triste

Ya no somos lo que un día fuimos, ha llovido mucho desde entonces y solo queda el recuerdo vago de lo que fuimos, pequeñas cicatrices que, de verlas, nos hacen evocar algo que ya no podemos sentir, sino sólo visualizar. Y debemos cargar con ese álbum de fotos siempre, sin posibilidad de dejar de mirar, aunque sea un poco, hacia atrás. Sin dejar de preguntarnos si los caminos que tomamos fueron los correctos. Y no consigo olvidar aquel día en el que papá desmontó el columpio porque se estaba oxidando, y juró repararlo pronto, pero el tiempo ha pasado y nosotros hemos crecido, y aquel capítulo se quedó colgado, nada de punto y final, sólo unos puntos suspensivos a los que asoma un gran precipicio. Un capítulo de una historia que jamás pasará del prólogo porque ya no somos los mismos.  Aquel día se me empezó a quemar algo por dentro hasta que me convertí en mi propio infierno. Intenté seguir hacia delante pero el pasado siempre vuelve y no podemos correr más que los recuerdos. A mí me pesan las piernas, y el paso del tiempo. Me pesa aquel verano de insomnio y sexo, de largas noches de cervezas en el bar y de fiestas en el pueblo. Aquel verano de querernos hasta rozar lo incómodo. Aquel verano de todo eso que se perdió en septiembre, un día de lluvia, y fue como despertar del sueño más bonito del mundo. Solo que esta vez, todo era real, y ojalá no lo fuese. Septiembre, siempre triste, me desespera y me cuesta seguir cuando intuyo que lo que me espera no será mejor que todos aquellos maravillosos días de mierda.

Memories

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