Tempus fugit

Cuando era pequeña y lloraba o me preocupaba por tontadas, los adultos de mi alrededor me decían que disfrutase de cada momento porque llegaría un día en el que me despertase y estos momentos habrían desaparecido. Recuerdo que esto me parecía absurdo, ¿cómo se pueden escapar los momentos? Era algo que yo no lograba entender. Pero luego creces, ves crecer a los tuyos, a unos irse y a otros quedarse, o a veces tu eres la que se queda o la que se va. Observas como pasa la vida, y tu con ella. Y te das cuenta de que las cosas cambian aunque no quieras y recuerdas cómo te sentías cuando él te miraba así, o  cómo la sonrisa de tu madre ha secado más lagrimas que cualquier clinex. No tenemos control sobre el tiempo ni sobre como o cuando cambian las cosas. Pero hay algo de lo que podemos estar seguros: siempre cambian. Un día nos damos cuenta de que solo tenemos el control de lo que hacemos con cada momento antes de que desaparezca.

Terminal

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