Paren el mundo que me bajo.

Pause.

Es la primera vez que siento la urgente necesidad de que el mundo se detenga hasta que pueda entender qué es lo que está pasando. No sé por qué. Pero no me despierta ni el puto café.

Creo que lo único claro que he sacado de todo esto es que me gusta la gente que te deja huella sin necesidad de herirte.

Por dentro tengo mis días. Hoy me he levantado con un balazo: ayer volví a soñar que me querías. Mañana me juraré que cambiaré de vida.

Necesito tanto como tan poco pido. A fin de cuentas, la gente que quiere se queda, y es, esa misma gente, la que vale realmente la pena.

Vale la pena quien te la quita. Quien estuvo, quien está. Quien estará. Quien te importa, te soporta y te aporta.

Empezar de cero tampoco está tan mal. Siempre quedará o llegará alguien que se parta la boca por quitarte más las lágrimas que las bragas. Y entonces comprendes, que no sirve de nada un corazón a prueba de balas si lo que buscas es que te mate su boca. Entiendes, también, que los cambios vienen con una fuerte sacudida. Pero no se detiene la vida, es el comienzo de una nueva.

Creo que ya puedo darle al play.

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