Debajo de tu piel vive la Luna.

Después de mucho tiempo, por fin me he decidido a escribirte.

Y ya que tengo que hacerlo, lo haré de estas ganas tontas de verte y del miedo que me da que no se vayan nunca.

De cómo tu huida hace que busque pedacitos de ti dónde antes estaban los míos.

Escribiré de cómo me derrumbo mientras te escribo el universo verso a verso.

También lo haré sobre tu cuello y de mis labios al rozarlo.

Que si tengo que escribirte, lo haré sobre tus párpados, que descubren o cierran dos países profundos en tus ojos. Brillantes y preciosos, como si fueses encendido por dentro. Y es que hay luces que no pueden apagarse por más que se fundan.

Debajo de tu piel vive la Luna.

Puesta a escribir, lo haré sobre tu cuerpo. Literalmente hablando. Que es como mejor se habla y donde mejor se escribe.

Tenías cosas que de no haberlas conocido en ti me hubiesen parecido raras. Pero en ti me gustaban.

Lo raro no era quererte, era que alguien como tú, no se quisiera.

Te voy a escribir de cómo esperarte me consume más que el tiempo.  Y yo sigo aquí, sin saber qué se consume más, si este cigarro o yo. Mientras espero sin que pase nada, con la esperanza intacta de que llegues y me digas todo el amor que nunca nos atrevimos a reconocer en voz alta. Por exceso de orgullo o por miedo a reconocer esa debilidad.

Y, de como un fin de semana cualquiera, intento olvidarme de toda la mierda a base de cubatas cargados de alcohol Hacendado, mientras las luces de los focos me ciegan y la música me va dejando sorda.

Cada vez estoy más cerca de encontrarme a mí misma.

Allí, tan lejos de ninguna parte, donde las personas se aglomeran componiendo la decadencia perfecta, y bailan sin abrir los ojos. Quizá porque les da vértigo el abismo en el que se están convirtiendo sus vidas.

Te escribo de como tú te mantienes al margen. En silencio.

Y el silencio es algo frío. Y mi invierno va a ser muy largo.

Estás a tiempo, de entrar y tomarnos la última copa antes de que cierre el bar.

A tiempo de que tu corazón se caiga en mi vaso y me lo trague entero.

Tú decides, pero está es la última línea que yo te escribo.

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