El corazón ya va mejor, sólo me duele cuando late.

La vuelta al mundo en ochenta días

u ochenta vueltas a mi mundo en pocos días.

Giros de 360 grados, vueltas de campana

o como quieras decir

que lo que antes era blanco o negro

ahora tiene matices.

Matices que todavía no distingo con claridad

pero tampoco desaparecen.

Quiero pensar que son por el calor

– estos delirios –

aunque sé a ciencia cierta

que tengo más deudas con tu espalda

de las que nadie tendrá jamás

con los amaneceres que nos permitimos catar.

Estoy en marea alta

y la verdad,

nunca he tenido las ideas tan revueltas.

Estoy segura

de que el paseo por tus lunares

me pasa factura desde que no estás.

Y aunque sea difícil recordar

sin volvernos a mirar,

sé que el olvido

no te dejará olvidar.

Pero en verdad,

no sé de que me quejo.

Me encanta – recordarte -.

En mi recuerdo

me miras,

como cuando un niño

ve el mundo por primera vez.

Y me invitas a bailar

hasta que nos duelan los pies

tanto como las ganas de tenernos.

No importa que se haga tarde,

a veces tarde

es el mejor momento.

– para bailar

para reír

o para amar – .

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